Mercados

MERCADOS.

 Retrocedió el precio del trigo:

El trigo en Rosario cerró el viernes a 175 dólares, con caída importante de ocho dólares, y en Chicago cotizó a 258 dólares la tonelada, bajando nueve dólares



El maíz en Rosario cotizó a 132 dólares la tonelada, subió dos dólares, mientras que en Chicago cerró a 162 dólares, mejorando su precio en tres dólares. El sorgo en Rosario aumentó cuatro dólares y se pagó a 116 dólares la tonelada mientras que el girasol operó a 273 dólares, experimentando una suba de trece dólares.

La soja en Rosario cerró a 267 dólares por tonelada, tres dólares más que en el último cierre; en tanto que en Chicago retrocedió dos dólares y se cotizó a 387 dólares. La bolsa de 50 kilos de arroz cáscara en Río Grande del Sur (Brasil) cotizó a 12 dólares, experimentando un incremento de cincuenta centavos.

En cuanto a los novillos, en Buenos Aires mantuvo su valor y cerró a 1,52 dólares por kilo con una suba. En Río Grande el novillo en pie se pagó a 1.60 dólares en pie, teniendo una suba de dos centavos, y en San Pablo, en segunda balanza, alcanzó una cotización de 3,16 dólares por kilo, con una caída de cuatro centavos. Finalmente, en Chicago el kilo en pie se situó en 2,04 dólares, bajando un centavo.

La importancia de haber sembrado a tiempo.

 

Los productores que planificaron y sembraron sus praderas y verdeos a tiempo, hoy están logrando importantes resultados.



Diego Pérez del Castillo, integrante de la empresa Gentos, habló sobre la situación de los verdeos y las praderas.

“Los productores que pudieron sembrar temprano, es decir en marzo o principios de abril, tienen verdeos y praderas muy buenos. Hasta el 30 de junio el tiempo acompañó y quienes lo hicieron en marzo tomaron novena días a muy buenas tasas de crecimiento, situación que contrasta con quienes sembraron a mediados de mayo”, indicó.

Agregó que se ve una diferencia entre aquellos productores que han planificado y sembraron en fecha con quienes no lo hicieron. Y ejemplificó: “en Treinta y Tres un verdeo precoz sembrado por el 30 de marzo llevaba hasta diez días 242 kilos de carne producidos, teniendo en cuenta que aún le quedan 90 días de pastoreo, pensamos que va a producir unos 200 kilos más de carne. Eso muestra a las claras que vale la pena planificar y hacer todo lo posible para sembrar en fecha”.

EXPORTACIONES

Soja representa 29% del total de las exportaciones

Las colocaciones alcanzaron los US$ 96 millones y con un volumen de de 271.832 toneladas

Por Martín Olaverry, especial para Observa

El relevamiento realizado por Uruguay XXI sobre el comercio exterior cerrado al 15 de julio arrojó que la soja sigue siendo el principal rubro de exportación el país, con colocaciones que alcanzaron los US$ 96 millones (271.832 toneladas) y representan el 29% de las exportaciones de Uruguay en el período.

El 89% de las ventas de este producto tuvieron como destino la Zona Franca de Nueva Palmira (242.395 toneladas), principal puerta de salida de los granos de Uruguay. Los destinos que la siguieron en importancia fueron China con el 4% e Irán con el 3% de las exportaciones de este producto.

El siguiente rubro exportado en términos de valor fue la carne bovina congelada, con colocaciones que alcanzaron los US$ 29 millones y las 7.540 toneladas. El principal destino fue la Federación Rusa con el 31% del total exportado, seguido por Israel con el 12%.

Arroz fue el tercer rubro más dinámico, con US$ 27 millones (54.040 toneladas). Su principal destino fue Irán (56%), seguido de Brasil (23%). Madera en bruto fue el siguiente producto en valores exportados por un equivalente a US$ 19 millones, siendo su principal destino la Zona Franca de Fray Bentos, donde es transformada en pasta de celulosa por la firma UPM, y enviada al exterior vía la Zona Franca de Nueva Palmira. En lo que va del año, las exportaciones forestales crecieron un 20%, siendo la celulosa el producto que explica el 70% de las exportaciones

CAMPOS EN URUGUAY

Siguen firme los precios de la tierra y preocupa a la FRU

Los altos precios de los arrendamientos preocupa a la Federación Rural, que entiende que dificulta el acceso a la tierra por parte de los productores mas pequeños.

 
La renovación de contratos de arrendamientos se viene desarrollando a buen ritmo, con casos excepcionales en los que se llegan a pagar hasta mil kilos de soja por hectárea. Así lo explicó el operador Ramiro Gerona.

“Se han renovado los valores que venían de dos, tres años atrás y se han renovado los valores que venían, básicamente, en producto; en zonas-núcleos, llámese Mercedes, Young, Cololó, Dolores, en un entrono de ocho, nueve quintales de soja. Después en las zonas intermedias, como Durazno, esa cuenca nueva que se ha abierto para la siembra de algún cultivo, en el eje de los cinco, seis quintales de soja. Y después, en la zona un poco más lejos, Vichadero y Melo, se habla de cuatro, cinco quintales de soja”, explicó Gerona.

En cuanto a la concreción de negocios, Gerona explicó que el interés tanto en compra como arrendamientos es firme con muy buenos valores, a pesar de una incertidumbre inicial en función de interpretaciones en torno dichos del nuevo gobierno respecto a la propiedad de la tierras.

“Pero el mercado siguió firme” desestimó Gerona. “Mucha gente preguntando, mucha gente operando desde el exterior también, en los más diversos rubros. Argentinos, más que nada, en la zona-núcleo vinculado al tema de agricultura. Y buscando mucho campo en el noreste, básicamente Vichadero hacia Melo, en esas zonas han comprado algunos argentinos y también muchos europeos. Y con valores sumamente atractivos”.

Por su parte, el presidente de la Federación Rural Miguel Bidegain expresó su preocupación por la disparidad en los precios de los campos y las dificultades que esto implica para lo pequeños productores de acceder a tierras.

Agregó que se siguen vendiendo tierras a extranjeros, por culpa de la falta de políticas en ese sentido.

 

NOTICIAS AGROPECUARIAS…  

Granos

Mejoran precios de los granos

El trigo en Rosario cerró el viernes con una cotización de 130 dólares por tonelada, subió cinco dólares y en Chicago cerró a 171 dólares la tonelada registrando un aumento de seis dólares.

El maíz en Rosario cotizó a 112 dólares la tonelada, mejorando cuatro dólares, mientras que en Chicago cerró sin cambios a 136 dólares. El sorgo en Rosario se pagó a 77 dólares la tonelada aumentando cuatro dólares y el girasol a 225 dólares, con una baja de seis dólares.

La soja en Rosario cerró a 219 dólares por tonelada subiendo tres dólares; en tanto que en Chicago cerró con una cotización de 350 dólares, experimentando un aumento de cuatro dólares. La bolsa de 50 kilos de arroz cáscara en Río Grande del Sur (Brasil) cotizó a 9,50 dólares, bajando 50 centavos.

En cuanto a los novillos, en Buenos Aires cerró a 1,44 dólares por kilo con una baja de un centavo. En Río Grande el novillo en pie se pagó a 1.45 dólares en pie, se incrementó tres centavos, y en San Pablo, en segunda balanza, alcanzó una cotización de 3,05 dólares por kilo, subiendo diez centavos. En Chicago el kilo en pie se situó en 2,05 dólares, elevando su precio en ocho centavos

FORRAJES

Alimentar al ganado a grano es rentable

La empresaria agrícola ganadera Patricia Damiani abrió hace veinte días un feed lot en su establecimiento. Escuche el audio

La empresaria agrícola ganadera Patricia Damiani abrió hace veinte días un Feed Lot en su establecimiento. Explicó las claves del negocio en el momento actual, donde el ganado sube de precio pero hay disposición de forraje en el mercado.

“Los que explotamos campos netamente agrícolas mantenemos el rubro ganadero, nos dedicamos a la recría y después a la terminación en grano. Como siempre hay que afinar los números. Hoy el precio del ternero es muy alto y hay que ver si la ecuación no cierra más por comprar un novillito de uno a dos años, a un precio de 1,30 dólares, más formado con pocos kilos y después hacer la terminación a grano”, indicó.

Señaló que hoy hay mucho grano que no cumple los parámetros para la industria y es rentable transformarlo en carne, al igual que el sorgo. “Hoy hacer una dieta en base a grano rinde a la explotación agropecuaria”, dijo.

Asimismo estimó que el precio del ganado gordo se va a recuperar. “Hay que ver el precio del kilo de carne que estamos comprando y con los kilos que le agregamos calcular el margen que nos puede dar. Me llama la atención las pocas piezas de cría que hay en zonas netamente criadoras. Y con respecto al ganado gordo tampoco lo veo en los campos donde tradicionalmente estaban. Creo que va a faltar el ganado para la industria”, indicó.

Prevén una gran cosecha regional de soja

La evolución de los mercados globales en enero y febrero ha estado caracterizada por una notoria debilidad, que provocó significativos descensos en la mayoría de las commodities agrícolas.

En buena medida, esa dinámica tiene sustento en el comportamiento de los balances de oferta y demanda globales de varios productos.

Por tanto, el reporte de febrero del USDA era esperado con interés por los actores del mercado granario. Los resultados, en términos generales, resultaron confirmatorios del escenario preexistente, desalentando las expectativas de rápidas recuperaciones de los precios, en particular en los casos de soja y trigo.

Trigo

El USDA ubicó en 677 millones sus proyecciones para la cosecha mundial 2009/10. Si bien el volumen representa una leve caída respecto de la cosecha previa, resulta nuevamente muy superior a las proyecciones de consumo mundial (previsto en 646 millones de toneladas para el ciclo 2009/10), lo que daría lugar a un segundo ciclo consecutivo de recuperación de las existencias globales del cereal.

De ese modo, las existencias al fin del ciclo 2009/10 se proyectan en 196 millones de toneladas, un aumento de 19% respecto del nivel inicial (y 62% por encima del mínimo registrado hace apenas dos años).

También se ha modificado significativamente el indicador stock:consumo, que alcanzaría en 2009/10 un valor de 30%, lo que representa el nivel más alto de la década y se aproxima a los valores de la segunda mitad de la década pasada.

En el caso del trigo, el balance de oferta y demanda regional se mantiene como un factor que contribuye a atenuar la presión bajista de los mercados. Las previsiones siguen indicando un importante déficit de abastecimiento en el Mercosur, por segundo año consecutivo.

Soja

El USDA confirmó sus previsiones de fuerte recuperación de la cosecha mundial, a partir de la expansión proyectada para los principales países exportadores. La cosecha global crecería hasta 255 millones de toneladas, 21% por encima de las 210 millones de toneladas del ciclo previo.

En el caso de EEUU, la cosecha 2009/10 es proyectada en 91,5 millones de toneladas (vs. 80,8 millones de toneladas en 2008/09, un aumento relativo de 13%.

Similar crecimiento relativo es aguardado en Brasil, proyectándose una cosecha de 66 millones de toneladas (16% superior a las 57 millones del año anterior).

En cambio, en Argentina, los aumentos proyectados son más espectaculares, ya que la buena cosecha que se prevé (53 millones de toneladas) sucede a una anterior producción muy pobre, de apenas 32 millones de toneladas; de este modo, el incremento relativo sería de 66%.

La producción conjunta de los tres principales exportadores superaría en 2009/10 las 210 millones de toneladas, 24% por encima de las 170 millones de toneladas del ciclo previo.

Por otra parte, si se analiza la evolución de la producción en el Cono Sur americano (que reúne la oferta de los cuatro países miembros del Mercosur y la de Bolivia), que hace varios años constituye la principal región exportadora de soja, el aumento de la oferta alcanza a 35% (127 millones de toneladas vs. 94 millones en el ciclo 2008/09).

En suma, se registraría un fuerte crecimiento de la oferta exportable en los principales actores del comercio mundial de soja, lo que constituye una señal bajista para los mercados de esta oleaginosa.

Otros granos

La situación para el maíz es bastante diferente, previéndose una cosecha inferior al consumo global, lo que daría lugar a una caída de las existencias al fin de 2009/10. Sería de 8% (134 millones de toneladas vs. 146 millones al fin del ciclo 2008/09).

En el caso del arroz, las proyecciones del USDA dan cuenta de un escenario de producción y consumo bastante equilibrado en el ciclo 2009/10, con una cosecha de 436,3 millones de toneladas, escasamente inferior a un consumo proyectado en 437,1 millones, lo que provocaría un leve descenso de las existencias finales (92,5 vs 93,9 millones de toneladas).

Esto podría otorgar mejores condiciones de soporte al mercado de estos productos, aunque la formación de sus precios se verá inmersa en el contexto general de presión bajista de los mercados.

 

Uruguay rural en cifras –

(Última información disponible)

Uruguay:

 

Superficie agropecuaria total: 16,4 millones de hectáreas

Establecimientos: 57.000

Población agropecuaria: 190.000

Trabajadores agropecuarios: 157.000

Producto bruto de las producciones agroindustriales (año 2008): 4.400 millones de dólares

Valor bruto de las producciones agropecuarias (año 2008): 5.000 millones de dólares

 

Ganadería de Carne y Lana  en Uruguay(2008 – ejercicio agrícola)

 

Superficie Agropecuaria Ganadera: 13,2 millones de hectáreas

Establecimientos que tienen bovinos y/u ovinos: 50.576

Existencias de animales bovinos: 11.913 miles de cabezas

Existencias de animales ovinos: 9.558 miles de cabezas

Faena bovina total anual: 2.248 miles de cabezas

Carne bovina exportada: 377 miles de toneladas

Faena ovina total anual: 1.855 miles de cabezas

Carne ovina exportada: 25 miles de toneladas

Producción de lana: 39 miles de toneladas (2008/09)

Vacunos por habitante: 3.5 cabezas

 

Lechería Bovina en Uruguay (2008 – ejercicio agrícola)

 

Superficie agropecuaria: 849.000 hectáreas

Total de tambos: 4.600

Tambos que remiten leche a las industrias: 3.474

Existencias de animales lecheros: 744 miles de cabezas

Producción anual de leche: 1.738 millones de litros

Leche procesada en el año por las industrias:1.531 millones de litros

Leche exportada a través de productos: 909 millones de litros

Consumo interno productos industriales: 469 millones de litros

Coeficiente exportación del total leche disponible: 52%

Capacidad de procesamiento total por día todas industrias: 8.4 millones de litros

Trabajadores en los tambos (cada 1000 hectáreas): 20 trabajadores

Productividad leche por hectárea y por año: 2.370 litros

 

 

 

Cultivos Agrícolas en Uruguay (zafra 2008/09)

 

Superficie dedicada a agricultura: 1.160.000 hectáreas

Cantidad de establecimientos que siembran: 8.000

Cultivo

Superficie

(miles ha)

Producción

(miles t)

Mercado

(destino principal)

De secano:

- Soja 578 1.029 Exportación

- Trigo 476 1.357 Interno y exportación

- Cebada 130 410 Interno y exportación

- Maíz 88 270 Interno

- Girasol 55 51 Interno

Bajo riego:

- Arroz 161 1.287 Exportación

- Caña de azúcar 6 334 Consumo interno

Frutales en Uruguay (Cítricos y vid 2008 – Caducos zafra 2007/08)

 

Superficie agropecuaria: 30.000 ha

Cantidad establecimientos con frutales: 2.500

Cultivo Plantas

(miles)

Producción

(miles t)

Rendimiento

(t/ha)

Mercado

(destino principal)

Cítricos

Naranja 3.223 129 17 Interno y exportación

Mandarinas 3.076 88 14 Interno y exportación

Otros 865 36 17 Interno y exportación

Caducos

Manzana 3.400 51 15 Interno y exportación

Durazno 1.800 19 10 Interno

Pera 690 16 18 Interno y exportación

Otros 660 7 – Interno

Viñedos

Vid 29.500 113 13 Interno y exportación

 

 

Horticultura en Uruguay (Zafra 2007/08)

 

Destino principal: mercado interno

Superficie total de cultivos: 17.400 hectáreas

- Cultivos a campo: 16.700 hectáreas

- Cultivos protegidos: 700 hectáreas

Productores: 3.500

Principales cultivos (2007/08): Tomate: 40 mil toneladas Zanahoria: 25 mil toneladas

Cebolla: 20 mil toneladas Kabutiá: 17 mil toneladas

Boniato: 22 mil toneladas Morrón: 14 mil toneladas

 Papa

Destino principal: mercado interno

Número de productores: 102

Superficie de cultivo: 6.294 hectáreas

Producción: 106 mil toneladas

 

Animales de granja  en Uruguay (2008 año calendario)

 

Establecimientos con producción comercial de cerdos y/o aves: 3.300 aprox.

Suinos

Destino de la producción: básicamente mercado interno

Producción: 20,9 mil toneladas de carne en gancho.

Consumo aparente: 9,2 kg por persona

Pollos parrilleros

Destino de la producción: mercado interno principalmente

Producción: 75,3 miles de toneladas faenadas

Consumo aparente: 21,1 kg por persona

Aves de postura

Destino de la producción: Solamente mercado interno.

Producción total: 2,7 millones de cajas de 30 docenas.

Huevos blancos: 0,7 millones de cajas de 30 docenas

Huevos color: 2,0 millones de cajas de 30 docenas

Consumo aparente: 292 unidades por persona

 

Forestación en Uruguay (2007 año calendario)

 

Superficie total de bosques: 1.722 mil hectáreas

Especies exóticas

Superficie

(miles h)

Eucaliptos 676

Pinos 275

Otras 19

Fuente: D.G.Forestal. Imágenes Landsat 2004 y área registradas hasta 2007

Bosque nativo: 752.000 hectáreas

Pesca en Uruguay (2008 año calendario)

 

Total espacio acuático: 142 mil km2 (Esto es comparable al 87% de la superficie

de uso agropecuario)

Desembarque total (año 2008): 111 mil toneladas

Especie de más desembarque: Merluza (31%)

La agricultura nació de nuevo

Por Pablo Jiménez de Aréchaga | pjimenez@seragro.com.uy 

En los últimos 15 años hemos presenciado una transformación del sector agrícola sin precedentes en la historia moderna del país. En realidad se inició tímidamente en la década del 80 y prosigue hasta nuestros días, con rasgos y particularidades específicas durante este largo período. 

Repasemos de manera sintética los principales hitos de esta verdadera revolución agrícola. 

Políticas económicas 

El ingreso de Uruguay al Mercosur iniciado en 1991 y culminado en 1994 (Tratado de Ouro Preto) determinó la adopción de un nuevo marco en política comercial, que tuvo como ejes fundamentales la aplicación del Arancel Externo Común y la anulación de aranceles intrazona. 

Así, el sector agrícola uruguayo profundizó su apertura comercial y quedó expuesto a las leyes de mercado con una fuerte influencia de los “socios” mayores del bloque: Brasil y Argentina. Recordemos que en décadas anteriores la producción agrícola nacional se orientaba al mercado interno, con políticas públicas que fomentaban y favorecían el abastecimiento interno, con cultivos claves como trigo, girasol y maíz. 

Mientras estos cultivos entraban en una fase de retroceso y estancamiento, el desarrollo paulatino de otras cadenas con neta orientación a mercados externos fue mostrando claros signos de crecimiento. 

En la década del 90 se profundizó la apertura comercial del sector y todos los rubros ingresaron en la lógica de mercado exportadora. En 1995 existían dos cadenas agroindustriales con claro perfil exportador (arroz y cebada), mientras que tenían sus primeros flujos exportadores productos como el girasol y el trigo. 

Superada la crisis de 2002, el marco político y económico nacional será de fundamental importancia para “atraer” a los empresarios argentinos que huyeron de su país espantados por condiciones diametralmente opuestas, e iniciaron el más reciente y sorprendente proceso de innovación y cambio en la agricultura uruguaya. 

Tecnología 

Indudablemente, el cambio técnico en la agricultura es una de las cuestiones que más impactan en el período considerado. Aquí es preciso separar dos momentos bien definidos en estos 15 años. 

En la segunda parte de los 90 se consolidó un período de innovación y cambio técnico iniciado en los 80, que provocó un aumento en la productividad de todos los cultivos. 

Con las variaciones propias del clima, los cultivos de invierno finalizaron la década promediando los 2.500 kg/há, los granos forrajeros oscilaban entre 3.000 y 4.000 kg/há y el girasol superaba por primera vez los 1.000 kg/há. 

Un rasgo distintivo de este extenso período es que la superficie se mantuvo incambiada en torno a las 500 mil hectáreas, mientras la producción global fue aumentando lentamente desde 750 mil toneladas al millón de toneladas al finalizar los 90. 

Ocurrió luego un segundo período de profundos cambios en el sector. Luego de la fuerte crisis que vivió el país en 2002, la llegada de empresarios argentinos con una nueva forma de hacer agricultura aceleró la adopción tecnológica iniciada en el país. 

Entre los principales cambios, se consolidó la adopción de la siembra directa, que rápidamente alcanzó la mayor parte de la superficie agrícola hecha en el país. A la vez, apareció la soja como cultivo clave en los planteos agrícolas, que junto al maíz Bt determinaron una destacada presencia de cultivos transgénicos en la agricultura de secano uruguaya (50%). 

Estos cambios posibilitan en pocos años una intensificación del uso del suelo a partir de la generalización del doble cultivo, con su secuencia más común de trigo/soja 2ª. En términos de productividad continúa el proceso de mejora, aunque no es común a todos los cultivos. El caso más notorio es el de la soja, que no muestra signos de mejora en términos de productividad desde su introducción masiva al país a partir de 2003. 

De todas formas, la productividad por hectárea y por año sí crece de manera considerable, y esto responde a la persistente mejora en los rindes medios de los cultivos de invierno y los granos forrajeros, pero principalmente es explicado por la presencia de más cultivos por hectárea por año (proceso de intensificación). 

En el período considerado, la productividad por hectárea casi se duplicó (pasó de 2,3 ton/há a 4,1 ton/há). A diferencia del período anterior, en éste hay un incremento de la superficie explotada que trasciende la tradicional zona agrícola del Litoral y alcanza a todos los rincones del país. 

A partir de 2003 comenzó un período de aumento de superficie destinada al rubro, que alcanza actualmente a algo más de un millón de hectáreas de chacra y 1,7 millones de hectáreas sembradas en el último ejercicio, 09/10. 

Sistema de producción 

El paquete de nuevas tecnologías ha generado un cambio en el sistema de producción en su conjunto, pasando de una rotación de cultivos con pasturas a una rotación exclusiva de cultivos agrícolas. 

Los datos de DIEA indican que, pese a haberse registrado un área récord de siembra de cultivos de invierno en la última zafra, apenas 6% se hizo con praderas consociadas (40 mil há). 

Entre otras implicancias hay un cambio sustancial respecto a la sostenibilidad ambiental del nuevo sistema planteado. En el sistema anterior el eje económico de la rotación era la pastura, ya que la ganadería era el rubro principal y los cultivos eran secundarios, y al mismo tiempo la pradera operaba como “garantía ambiental” en el largo plazo. 

En la actualidad, el eje económico del nuevo sistema de agricultura continua son los cultivos y la sostenibilidad ambiental dependerá del manejo que realice el técnico responsable en función del suelo y la zona del país donde se ubique. 

A nivel práctico, uno de los principales cambios que surgen es que la agricultura y la ganadería ya no comparten el mismo espacio y en muchas situaciones las producciones pecuarias (carne y leche) fueron desplazadas. 

En otras ocasiones, la producción ganadera se ubica en los bajos no agrícolas linderos 

a las chacras, o directamente surgen procesos de intensificación a través de los feedlots. No solo el paisaje ha cambiado sino tam- 

bién la fisonomía de los pueblos, que adaptan sus servicios a las nuevas demandas que aparecen. 

El desarrollo de infraestructura y transporte necesario para absorber los incrementos en producción de granos ha sido muy importante en los últimos 15 años, fundamentalmente desde 2003 a esta parte. En la actualidad hay 145 empresas y 255 centros de acopio registrados, con una capacidad de almacenaje total a nivel país que supera los cuatro millones de toneladas, sumando silos y galpones. 

Empresa 

Otro de los cambios trascendentales del sector y que indefectiblemente está ligado a la innovación tecnológica es el tipo de empresa que hoy se dedica a la agricultura. Si bien hay cambios estructurales que comenzaron en los 80 y atienden a la mayor escala del productor agrícola en procura de mantener competitividad, los grandes cambios ocurren en los últimos años postcrisis, con la llegada de las empresas agrícolas argentinas. 

Los datos de DIEA confirman la tendencia al descenso en el número de productores dedicados al rubro, que pasaron de 11 mil a 7,5 mil en el período considerado (-30%), pero dentro de las variantes más importantes está la del aumento de escala. 

Mientras que a mediados de los 90 las empresas con más de 1.000 há representaban menos de 20% del rubro, tanto en superficie como en producción, actualmente responden a 65% del área total. La escala es parte del éxito de la nueva empresa agrícola que diversifica riesgos climáticos ubicando cultivos en distintas partes del país. 

Pero el cambio va más allá del tamaño empresarial y abarca temas organizacionales. Buena parte de la agricultura se hace ahora en campos arrendados que no son parte del patrimonio de la empresa y se contratan los servicios de siembra, aplicación de agroquímicos y cosecha, entre otros. La producción se organiza en redes y surgen nuevos empresarios vinculados al rubro, que no tienen o han dejado de tener tierra. Los recursos humanos y el conocimiento aplicado son elementos claves en la empresa agrícola del presente. 

Comercio 

Hay que destacar que sin el surgimiento de un nuevo ciclo de fuerte demanda de productos agrícolas a nivel mundial iniciado en 2003, y que persiste hasta nuestros días, no hubiera habido tal transformación en la agricultura uruguaya. 

En la base de tantos cambios y crecimiento coincide la fuerte demanda internacional con las condiciones naturales, organizacionales e institucionales que supo tener el país para atender el momento. 

A nivel comercial el sector también ha tenido profundos cambios, que modificaron la lógica misma del negocio agrícola. Las ventas a futuro con referencias diarias en la Bolsa de Chicago para la soja y mecanismos de referencia en los casos del trigo y de la cebada son una herramienta fundamental que no existía pocos años atrás. El manejo del riesgo cambia y hoy el precio del producto, en los casos mencionados, es un dato conocido antes de comenzar la inversión. 

A su vez, aquí también hay un cambio empresarial importante, ya que llegan al país nuevos actores vinculados a la comercialización de granos, principalmente empresas multinacionales, que en algunos casos también participan de la fase primaria. 

 

El rumbo de la ganadería – Fuente el Pais digital – Agropecuario.

Los 15 años de El País Agropecuario, coincidiendo con el cierre de un período de gobierno, invitan a una reflexión de carácter general sobre el rumbo que lleva nuestra ganadería. No en el sentido de “marcarle el rumbo” que debe seguir –somos críticos de esos tipos de mesianismo– sino en el de evaluar, con la mayor objetividad posible, los puntos fuertes y débiles con que cuenta la hasta ahora principal actividad económica del país, con el fin de coadyuvar a su mejor desarrollo futuro.

En los vacunos

Lo primero a tener en cuenta –no por sabido hay que dejar de destacarlo– es el gran crecimiento, producto de la dinamización del conjunto de los procesos productivos involucrados, que ha experimentado la producción de carne vacuna. Crecimiento que se inició en la década de los 90 y se profundiza en la que estamos terminando.
Los datos son conocidos, solo reiteremos alguno más significativo. La tasa de extracción1, que resume en alguna medida la dinámica sectorial, pasó del histórico 15 a 16% al 20,5% en el promedio de los últimos 5 ejercicios. Tasa comparable a la de las ganaderías pastoriles más eficientes del mundo. Esto solo es posible disminuyendo la edad de faena para acelerar el conjunto del proceso.

Hace 20 años, 1 de cada 4 novillos faenados era de dentición incompleta (joven); hoy lo son 3 de cada 4, sin que haya disminuido el peso de faena. Lo que además de aumentar la cantidad producida –por acortamiento del ciclo de producción– mejora la calidad del producto final. Todo esto llevó a que el volumen físico exportado se haya duplicado en estas dos décadas, sin dejar de abastecer a un voraz mercado interno. Y si esto lo valorizamos, tenemos que los 200 a 300 millones de dólares que se exportaban en la década pasada se han cuadruplicado, rondando hoy los 1.000 millones anuales.

Dos aclaraciones pertinentes. La primera: no analizamos un breve período seleccionado, de bonanza de clima o mercados. En estas dos décadas hubo 2 o 3 sequías históricas, una crisis sanitaria (la de la aftosa) y crisis económicas mundiales, regionales y locales. La segunda: si bien los precios internacionales de la carne aumentaron, la productividad del conjunto del proceso productivo lo hizo en una medida similar. Esto es un cambio estructural, algo intrínsecamente diferente a un mero ciclo de precios favorables.

De lo anterior surge una conclusión ineludible: el sector productor de carne vacuna, en el conjunto formado por la cría, el engorde, la industrialización y la comercialización, con sus servicios asociados, constituye una cadena agroindustrial que funciona bien. Quizá cabría decir: muy bien. Lo que implica admitir que no existen subsectores que representen una rémora, un freno, al desarrollo del conjunto de la cadena. Lo que no quiere decir que cada una de estas fases productivas, ya sea a nivel primario, secundario o terciario, no puedan y deban mejorar. Y a todos se nos vienen ejemplos a la cabeza, porque conocemos los árboles, pero también hay que ver el bosque. Las inversiones que fluyen a las distintas fases de la cadena son la prueba concluyente de lo anterior.

Se menciona reiteradamente como “asignatura pendiente” a la productividad de la fase de cría, en el sentido de que la baja tasa reproductiva que el ganado de carne tendría en nuestro país constituye un freno para el desarrollo sectorial. Reiteradamente hemos discrepado con esa visión. El hecho de que en Uruguay el porcentaje de destete se ubique en promedio en 65%, siendo el techo biológico por lo menos de 90%, no necesariamente limita el crecimiento sectorial, y no lo ha hecho. También la ganancia diaria promedio de la vida de un novillo es de unos 400 gramos, pero su potencial es de más del doble. Si nos atuviéramos solo a este tipo de argumentos referidos a la brecha entre la realidad y los potenciales biológicos, concluiríamos que la fase de recría y engorde es más limitante que la de cría.

La especie de los vacunos, como todas, privilegia su supervivencia como tal a cualquier otro objetivo, como por ejemplo el aumento de peso de sus individuos. Por eso la cría es lo que se puede hacer con recursos escasos –en campos más pobres-, porque el metabolismo de la vaca privilegia el uso de la escasa nutrición que recibe hacia la fase reproductiva. Es un negocio de menos capital (el campo “criador” es más barato, la vaca vale menos que el novillo) y por consiguiente de menores ingresos, no necesariamente de menor rentabilidad.

Si los recursos forrajeros mejoran, en general conviene orientar esa mejora al engorde, porque los ingresos generados por esta actividad, que requiere más capital, son mayores. Los productores criadores, cuando mejora su dotación de recursos productivos, prefieren engordar vacas o meterle más kilos a sus terneros, que mejorar porcentajes de destete, cosa perfectamente lógica porque así mejoran sus ingresos y su rentabilidad. Con más razón esto se aplica a los predios de ciclo completo, que producen 2/3 del total de los terneros.

El tema da para mucho, y el espacio es reducido. Solo se pretende dejar sentada la posición de que no hay “fases atrasadas”. Los cambios en los precios relativos del producto cría (kg de ternero) y del producto engorde (kg de novillo gordo) varían en función de la escasez relativa de cada uno, generándose así los ajustes necesarios al funcionamiento del conjunto del proceso. Actualmente, en que el kilo de ternero vale 30% más que el de novillo, la cría se ve estimulada y a corto plazo aumentará su eficiencia relativa (destetes más numerosos o más pesados) o su tamaño económico (más vacas entoradas), o más probablemente una mezcla de ambos factores.

¿Esto quiere decir que no hay nada que hacer, que se debe dejar todo como está? Por supuesto que no, los procesos productivos deben ser de mejora continua. En los predios individuales, en las organizaciones de productores, en los institutos de investigación y los laboratorios, en la industria, en los servicios de apoyo, la tarea es permanente. Ya se mencionó algo sobre la distancia entre la realidad y los potenciales biológicos; siempre habrá margen para mejorar, nuevos productos a desarrollar, mejor adaptación a los requerimientos de los mercados. Esto implica prepararse para las nuevas exigencias de los mercados vinculadas a lo ambiental, como lo de la producción “Limpia, Verde y Ética”2.

Y como el avance tecnológico hace a la actividad ganadera cada vez más intensiva en el factor capital, se generan también problemas sociales por la marginación de los productores o empresas de menor potencial económico. Problema a encarar por los carriles correspondientes,3 que no son los de la interferencia con el crecimiento sectorial, que solo logra “emparejar para abajo”.

En los ovinos

La producción ovina ha sufrido una fuerte pérdida de importancia relativa dentro de la ganadería y del conjunto de la actividad económica nacional. En parte porque es lógico que así sucediera, por la pérdida de importancia, a nivel mundial, de la lana como fibra textil. En todos los países laneros ocurrió lo mismo. Pero en parte también porque los drásticos reacomodos de los mercados mundiales no se compadecen de los tiempos de reacción de los uruguayos. Con la descomposición de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, la lana como producto básico entró en caída libre, y los intentos para evitarlo interviniendo en el mercado, como los de la Corporación Lanera Australiana, solo lograron (como suele suceder) acelerar esa caída.

Hace 20 años que el mercado internacional da señales inequívocas de que con las ovejas hay que producir lana fina o carne de calidad, si se quiere competir en los mercados internacionales de mejores precios. Que hay que dejar de producir productos básicos y, en su lugar, ir a los productos especiales4. O sea, dejar las lanas gruesas y la carne de animales adultos, y especializarse cada vez más en lanas finas (y ahora superfinas) y en la tierna carne de cordero, pero con cortes similares en peso y volumen a los de adulto.

Toda una especialización productiva que nos llevó varios años aceptar (bueno, es una generalización), pero que desde fines de los 90 empezamos a instrumentar con el Proyecto Merino Fino del INIA, del SUL y de la SCMA5, y el Club Merino Fino de la cooperativa Central Lanera Uruguaya.

Y, en el caso de la carne, con el Operativo Cordero Pesado, que se inició a nivel piloto en 1996, impulsado por el SUL, CLU y el Frigorífico San Jacinto, que inició un proceso de adaptación de una producción tradicional del país a las nuevas exigencias de los mercados mundiales. Claro que siguen existiendo mercados para los productos más tradicionales –como las lanas de finuras medias y gruesas, y la carne de ovinos adultos–, pero los precios de ese tipo de productos no hacen competitiva a la producción ovina frente a otros rubros alternativos.

Vista con la perspectiva de la especialización, la caída de las existencias ovinas de los 25 millones de los años 80 a los menos de 10 de la actualidad, no debe verse como un drama. Aquel stock era funcional a un producto de muy baja diferenciación, las especialidades que el mundo hoy nos pide pueden producirse con el stock actual6.

Es que el número de animales no es un buen indicador de la importancia económica del sector. Es preferible tener menos animales pero que produzcan más valor, sobre menor superficie, pero con más tecnología y mayor especialización. Porque la tierra es cada vez más cara, porque cada vez un mayor número de rubros compiten por ella, y son más rentables que la ovinocultura tradicional a la que estábamos acostumbrados.

Pero debemos profundizar los senderos de mejora que se están transitando. La carrera por el afinamiento de la fibra no se detiene, por lo que debemos consolidar la producción de lana superfina y empezar a desarrollar la de lanas ultrafinas. Son 3 o 4 micras menos de diámetro, pero lleva mucho tiempo y trabajo conseguirlo. En la carne disponemos de buenas razas terminales, pero necesitamos biotipos maternos prolíficos sobre los cuales usar esas terminales. Se trabaja en esto sobre la base de nuestras razas tradicionales, pero son actividades incipientes.

Pero el desafío principal para la producción ovina no pasa, a nuestro juicio, por las restricciones biológicas, sino por las dificultades para alcanzar un buen nivel de integración entre la disponibilidad de recursos y las opciones de producción. La producción lanera debería realizarse básicamente sobre los suelos duros de mayor aptitud ovina, que son una cuarta parte del territorio. Allí también deben producirse los corderos para carne, que conviene engordar en otras zonas de mayor potencial, donde pueden competir y complementarse con los vacunos, el tambo o la agricultura. La plasticidad de la escala de este tipo de invernada intensiva es una ventaja no menor frente a otras opciones de producción.

Pero estos reordenamientos no se hacen por decreto. Pensamos que las organizaciones de productores –gremiales, sociedades de criadores, cooperativas, etc.– deben trabajar más en este sentido, asumiendo las dificultades que implican los cambios de costumbres muy arraigadas, la superación de desconfianzas seculares.

Un cambio no menor es que estas mismas organizaciones sean también más eficientes, asumiendo nuevas responsabilidades, superando las visiones cortoplacistas, olvidando que “la culpa la tiene el otro”. Y sin olvidar que las industrias textil y frigorífica están (o deberían estar) en el mismo barco.

Hacia adelante

Hay gente que sigue muy convencida, y quizá por eso pontifica sobre el tema, de que la producción de productos primarios es un síntoma de atraso. Como si después de la revolución industrial no hubiera pasado más nada, y los alimentos siguieran surgiendo de la actividad de bueyes y campesinos analfabetos, operando torpemente sobre insumos de origen celestial, como el agua, los suelos o la fotosíntesis. No se han enterado de que la tecnología es tanto de productos como de procesos, de que si somos los más eficientes del mundo produciendo arroz o carne es porque estamos muy avanzados en muchas cosas, y no importa que el grano de arroz o el churrasco sean intrínsecamente lo mismo desde hace siglos.

Una primera conclusión, entonces, es que seguir produciendo y procesando productos primarios, si lo hacemos cada vez mejor, es un camino correcto de desarrollo, seguro el mejor que tenemos, y para nada enfrentado, además, con otros más incipientes, como el turismo o la informática.

La segunda conclusión es que, en la pista de la competitividad mundial, no podemos correr con una mochila con piedras, por más que nos expliquen que hay otros factores además del peso, como el entrenamiento y la vida sana. El tipo de cambio se ha vuelto, una vez más, una carga insoportable para la competitividad del país, y no valen las explicaciones de que la misma también depende de otros factores.

Y tampoco de que el valor del dólar cae en todo el mundo. Porque si en ese escenario nuestra competitividad se derrumba, como los propios datos del BCU muestran, es porque acá cae más que en los demás países. Esto es aritmética, y no hay argumentación macroeconómica que lo pueda negar. Ya no se trata de los televisores plasma, ya tenemos ladrillos de República Checa. Tenemos que entender que esto no es sinónimo de adelanto, sino característica de republiqueta petrolera. Asumirlo y corregirlo, aunque cueste votos, es un deber ineludible del nuevo gobierno, si realmente apuesta a un país “agrointeligente”.

Finalmente, los temas generales que todos repetimos. La reforma del sector público (otra mochila ¿o la misma? que sigue aumentando de peso indefinidamente), la necesidad de darle un fuerte sacudón a las estructuras anquilosadas que traban el desarrollo educativo, en especial a nivel medio y superior (los recursos humanos, en particular de nivel técnico, son una limitante cada vez mayor para el desarrollo agropecuario), las obras de infraestructura (la necesidad de un ferrocarril que funcione parece ser la más urgente) y, para no hacerla más larga, la imprescindible continuidad en políticas de Estado bastante consolidadas, el no “toqueteo” de la política impositiva, del marco jurídico, de todos aquellos elementos que le dan confiabilidad al país.

Estos aspectos generales tienen directa incidencia en el futuro de nuestra ganadería y de nuestro sector agropecuario; un embajador comercialmente activo puede ser el mejor extensionista. Y no olvidar, ni por un instante, que vivimos en un mundo de balances entre lo productivo, lo social y lo ambiental, sin lugar para fundamentalismos de ningún signo, aunque ostenten el rótulo de “políticamente correctos”. l

Escrito en la primera semana de febrero de 2010.

1 Número de animales faenados anualmente en relación al total en existencias, expresado en porcentaje.

2 Expresión que refiere a temas ecológicos como la emisión de gases de efecto invernadero, la huella de carbono, el bienestar animal, etc.

3 Como se encara la marginación urbana, educando, capacitando para la reconversión, apoyando nuevas actividades, eventualmente con subsidios pagados por el conjunto de la sociedad, y no por el sector al que originalmente perteneció el desplazado de la actividad productiva.

4 Para los angloparlantes que tanto abundan, “commodities” y “specialities” respectivamente.

5 Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Secretariado Uruguayo de la Lana y Sociedad de Criadores de Merino Australiano.

6 En este punto caben las mismas referencias hechas en el caso de los vacunos, respecto a los costos sociales por marginación de productores primarios e industriales, resultado de la reestructura sectorial.

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